ARTÍCULO IX. Deberes para con la Orden


ARTÍCULO IX.

Deberes para con la Orden

I

Desde que fuiste admitido a participar de los privilegios que resultan de la asociación Masónica, tú le has ofrecido tácitamente a cambio una parte de tu libertad natural; cumple pues, estrictamente, las obligaciones morales que ella impone; ajústate a sus sabios reglamentos y respeta a aquellos que la confianza general ha designado, para ser los guardianes de las leyes y los intérpretes del punto de vista general. Tu voluntad en la Orden está sometida a la de la Ley y a los superiores: serás un mal hermano si pretendes desconocer esta subordinación necesaria en toda sociedad, la nuestra se vería forzada a excluirte de su seno.

II

De entre todas las leyes, hay una que tú has prometido ante el Cielo su más escrupulosa observancia: es la del secreto absoluto e inviolable de nuestros rituales, ceremonias, signos y la forma de nuestra asociación. Guárdate de creer que este compromiso sea menos sagrado que los juramentos que hayas prestado en la sociedad civil. Fuiste libre para pronunciarlo, pero no lo eres para romper el secreto que te compromete. El Eterno, que invocas como testigo, la ha ratificado: teme a las penas destinadas al perjuro: no escaparías jamás al suplicio de tu corazón, y perderías la estima y la confianza de una sociedad numerosa, que tendría derecho a declararte sin fe y sin honor.

Si las lecciones que la Orden te ofrece, para facilitarte el camino de la verdad y la felicidad, se graban profundamente en tu alma dócil y abierta a los efectos de la virtud; si las máximas saludables, que marcan, por así decirlo, cada paso que des en tu carrera masónica, se vuelven tus propios principios y la regla invariable de tus acciones, ¡oh, hermano mío!, ¡cuál será nuestra alegría! Cumplirás tu sublime destino, recobrarás esa semejanza divina, que formaba parte del hombre en su estado de inocencia, que es el objetivo del Cristianismo, y del cual la iniciación Masónica hace su objeto principal. Te volverás la criatura amada del Cielo: sus bendiciones fecundas recaerán sobre ti, y mereciendo el título glorioso de sabio, siempre libre, feliz y estable, pasarás por ésta Tierra como los reyes, benefactor de los hombres, y modelo de tus hermanos.

 

VOLVER AL INDICE DE LA REGLA MASÓNICA

Back to Top