ARTÍCULO IV. Deberes con toda la humanidad


ARTÍCULO IV.

Deberes con toda la humanidad

I

Pero si el círculo patriótico que te abre un camino tan fecundo y satisfactorio, no ocupa toda tu actividad; si tu corazón sensible quiere rebasar los límites patrios y abrasar con este calor humano, a todos los hombres, a todas las naciones; si, remontándote a nuestro común origen, te complaces en amar tiernamente a todos aquellos que tienen los mismos órganos, la misma necesidad de amar, el mismo deseo de ser útiles y un alma inmortal como la tuya, ven entonces a nuestros templos a ofrecer tu homenaje a la santa humanidad; el universo es la patria del Masón, y nada de lo que tenga que ver con el hombre, le es extraño.

II

Mira con respeto este edificio majestuoso, destinado a estrechar los lazos demasiado relajados de la moral; ama a una asociación general de almas virtuosas, capaces de exaltarse, repartidas por todos los países donde la razón y las luces han penetrado, reunidas bajo el estandarte santo de la humanidad, regida por leyes sencillas y uniformes. Siente, en definitiva, el objetivo sublime de nuestra Santa Orden: consagra tu actividad y toda tu vida a la beneficencia; ennoblece, purifica y fortifica esta generosa resolución, trabajando sin descanso por tu perfeccionamiento y uniéndote mucho más íntimamente con la Divinidad.

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