¿Se puede ser cristiano y Francmasón?


Sí, por supuesto. Incluso si las distintas confesiones cristianas no responden de un modo homogéneo a esta pregunta. Es importante que el cristiano interesado por la Francmasonería, y singularmente por la Masonería cristiana, no viva ese interés en la angustia, o incluso desde el miedo.

Para la Iglesia Católica, se plantea la cuestión de la interpretación del artículo 2335 del Código de Derecho Canónico de 1917, artículo que habla de excomulgar a aquellos que conspiren contra la Iglesia o los poderes civiles legítimamente establecidos. El nuevo código de Derecho Canónico de 1983 ha sustituido este artículo. Hoy, el artículo 1374 precisa: Que aquel que dé su adhesión a una asociación que actúe contra la Iglesia sea castigado con una justa pena.

La masonería del Gran Priorato de Hispania, como toda masonería teísta, es decir aquella que exige a sus adheridos la creencia en Dios, no resulta pues implicada por este nuevo artículo. No queda pues concernida, por mucho que la Congregación para la Doctrina de la Fe persista en declarar que los Francmasones continúan estando excluidos de la comunión.

Para la Iglesia Evangélica Española, no existe ni oposición ni incompatibilidad, los fieles son libres; ellos son personal e individualmente responsables, en conciencia, ante Dios, después de haber escuchado su palabra, sus actos y sus compromisos. Incluso si para algunos responsables protestantes, la Francmasonería continua siendo un misterio, o cuando menos una extrañeza, y que otros puedan alarmarse por los riesgos que la masonería haga correr a los cristianos, en términos generales cada recorrido continua siendo a nivel personal.

Dicho esto, si algunos de los fundadores de la masonería moderna eran protestantes, si existen estrechos lazos entre la Reforma y los masones, la Francmasonería no es hija del protestantismo puesto que este no la ha reconocido.

Para la Iglesia Ortodoxa, no existe un posicionamiento único respecto a la Francmasonería, que considera una creación de Occidente. Efectivamente, esta Iglesia, de tradición oriental, es una, en tanto que Iglesia de Cristo, pero múltiple en la diversidad de iglesias locales, que pueden cada una por su parte legislar o aprobar y mantener ordenanzas particulares.

Es así que en 1933, los obispos de Grecia han promulgado una condena solemne de la Francmasonería, prohibiendo a sus fieles y clérigos ser miembros de la misma, bajo pena de degradación para estos últimos. Curiosamente, los considerandos de esta condena reproducen los de la Iglesia romana, sin recordar la visión teológica de la ortodoxia. Esta condena no tuvo efectos, ni incluso en Grecia, aunque sin embargo fue renovada en 1949, y posteriormente en 1969, sin resultados.

Simplemente es necesario saber que las Iglesias Ortodoxas no opinan todas en el mismo sentido sobre esta cuestión; algunos clérigos y fieles combaten la Francmasonería, mientras otros la aprecian y otros más simplemente se adhieren a la misma.

En conclusión para todos los casos, es de todo punto esencial comprender que la masonería cristiana, de la manera como es practicada en el Gran Priorato de Hispania, no debilita en nada la Fe, antes al contrario, anima a aquellos que están faltos de ella, la fortalece en aquellos que ya la tienen y acerca a la Iglesia a aquellos que habían desertado de la misma. No obstante, es importante precisar que el G.P.D.H. no está vinculado a ninguna Iglesia o Institución religiosa en particular.

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